Colaboradores:Coima Julgo
Dino Poggi Querol


jueves, setiembre 22, 2005

Era el verano de 1992, y se acercaba una nueva edición de la Copa Libertadores de América, aquel trofeo que aún hoy es codiciado por los ¿clubes? peruanos. Cristal iba a participar en su condición de campeón de la temporada anterior, e iba a enfrentar a Sport Boys y a los siempre difíciles clubes colombianos Atlético Nacional y América. Como es una costumbre, a último momento, los ?grandes? ¿dirigentes? de ese club no tuvieron mejor idea que contratar a un delantero de afuera como la gran solución para su equipo. Desde Argentina llegó el delantero Fabián Ariel Suescún, quien tenía algo de cartel: su ficha decía que había jugado en Ferrocarril Oeste y Racing Club, dos clubes de Primera A de ese país, con lo que en teoría, parecía bueno. Lo que no sabían los ¿dirigentes? es que ese atacante, al que trajeron para que haga goles, apenas había anotado la extraordinaria suma de 2 (sí leyó bien, no es un error de tipeo, dos goles) en 4 temporadas y media. Es decir, que se pasó en blanco la mayor parte de su carrera. Nadie les pedía que trajeran al máximo artillero de la Liga Argentina, pero al menos les hubiera sido posible conseguir a uno que anotara en alguna que otra oportunidad.

Suescún jamás olvidará sus primeros días en Perú. Llegó al equipo campeón, que casi no llevaba gente al estadio, competía por el puesto con 2 veteranos que se jugaban sus últimas cartas en el fútbol como Baldessari y Navarro y encima lo entrevistó Jaime Bayly en su programa nocturno que tenía alto rating. El Cordobés estaba feliz, jamás pensó llegar a la gloria, tocaba el cielo, pero (siempre hay un pero) en algún momento llegaría la hora de jugar. El hombre destinado a marcar goles en la Copa?.. apenas actuó en dos partidos, y ninguno completo. No hace falta decir que no anotó (en la Copa, porque en el dificilisisisisimo y ultra competitivo torneo local, desde luego que sí).

Como era de esperarse, su estadía en Lima fue corta. Regresó a su patria, de donde nunca debió salir, para jugar en el Ascenso, donde siempre debió jugar. Desfiló con las camisetas de Atlético de Rafaela, Deportivo Italiano, Douglas Haig de Pergamino y All Boys. Desde luego, muchos goles no hizo. Luego fue a hacer dinero al fútbol chino y lo último que se supo de él es que en 1999 integró el San José de Oruro, en Bolivia (pobres bolivianos, les mandan solo carne podrida desde Argentina). No se sabe mucho más de su carrera, ni se pretende saber tampoco. La verdad es que para traer a jugadores como éste, mejor jugamos con nacionales. Total, delanteros sin gol en el Perú tenemos para exportar.


mueraeljulgo blogged at 10:05 p. m.


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