Colaboradores:Coima Julgo
Dino Poggi Querol


jueves, octubre 13, 2005

Tenemos un nuevo colaborador, quien firmará a partir de ahora como Dino Poggi Querol, y este es su primer aporte: una columna de opinión que seguró sacará 'chispas', acerca de la argolla aliancista y los extranjeros que llegaron a ese club. Desde luego, Muerte al Julgo no se solidariza necesariamente con el contenido completo de este artículo. Y recuerde, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Sin mayor preámbulo pase a leerla:

El pasaporte es solo blanquiazul

Con la llegada de Walter Ávalos y Román Cuello a su plantel, Alianza Lima ya se está pareciendo nuevamente a un paraíso de refugiados del exterior: en poco más de un año, nueve jugadores extranjeros han vestido su camiseta. A Ávalos y a Cuello podemos sumarles a los inolvidables Gustavo Barros Schelotto, Rodrigo Astudillo, Oswaldo Mackenzie, Iván Furios (que sigue en el equipo contra todo pronóstico, y a veces hasta figura entre los suplentes), Claudio Sarría y a los cumplidores ecuatorianos Johnny Baldeón y Luis Fernando Saritama.

Alianza sería algo así como la Cruz Roja Internacional del fútbol sudamericano. Con contadísimas excepciones, cualquier extranjero de dudosa reputación ?o con credenciales ya maltratadas por el abuso de su calidad de vida - podría recalar en predios victorianos, tan sólo aprovechándose del déficit de material humano local. Y a menudo, aunque la idea suene sensata, los dirigentes la echan a perder: Recogen el currículum del contratado sin tener en cuenta su actualidad; la gestión se resuelve en tiempo récord (sin una minuciosa investigación sobre la trayectoria del jugador); y el técnico de turno suele ser el último en enterarse de que tiene a un nuevo dirigido en el equipo.

Lo peor de todo es que la llegada de los extranjeros no ha hecho más que producir la resucitación de ex ? jugadores. Ni Jesucristo ni el Señor de los Milagros pudieran haber hecho mejor ni más rápida tamaña misión. Con Furios en el campo, José Soto puede proclamarse el ?caudillo? sin temor al papelón. La llegada de Astudillo, junto con la de Cuello, ha sacado de la jubilación anticipada a Waldir Sáenz. Viéndolo jugar al menos afamado de los mellizos Schelotto, uno piensa en Jayo como dueño del mediocampo por un lustro más.

Ojo que no estoy en contra de los extranjeros. Todo lo contrario. Si son buenos, fortalecen al equipo en donde juegan y además contribuyen al espectáculo en niveles ?tercermundistas? como el peruano. Si no, pregúntense ¿Qué hubiera sido del Cristal en la Libertadores del 97, sin sus siete refuerzos venidos de fuera, incluyendo al técnico? ¿O cuántos títulos locales hubiera dejado de ganar Universitario sin el aporte de Tomás Silva, Jorge Amado Nunes, Marcelo Asteggiano (dicho sea de paso, no eran nada del otro mundo, solo que daban el nivel)? Vayamos un poco más lejos ¿Creen que Colo Colo hubiera sido campeón de América en 1991, de no tener a Marcelo Barticciotto, Ricardo Dabrowski y Daniel Morón? Ahora hasta los clubes argentinos y brasileños buscan a los extranjeros. Y no tienen vergüenza en buscar los mercados colombianos, chilenos y?peruanos (¡!!) para encontrar lo que en su medio escasea. Y si los extranjeros son de precio más cómodo que los de su propio país, tratan de buscar a los mejores. Desde el Perú, lógicamente no se puede aspirar a traer siquiera a jugadores de tercera línea de Argentina, porque están lejos del presupuesto. Pero ¿es tan difícil encontrar un Bonnet? ¿Un Czornomaz? ¿o apenas a un Gustavo Grondona?

Pero en Alianza también sucede un fenómeno que pasaré a explicar. Extranjero que llega al club, está casi condenado al fracaso. Si revisamos las últimas versiones campeonas de Alianza del 97 para adelante, sólo Marquinho, Gustavo Roverano y Palhinha han tenido una tarea importante en esos títulos. Tressor Moreno también fue un aporte valiosísimo, pero su faena no fue coronada con un campeonato. ¿Cuál es la realidad? Que Alianza solamente acepta gente que se identifique con el entorno, que mantenga la ?intimidad? a buen recaudo. ¿Y en qué consiste esa ?intimidad?? Básicamente en tres cosas: 1) Compartir los momentos de esparcimiento y confraternidad del grupo (léase asistir a intensas jornadas alcohólicas y orgiásticas). 2) Desterrar cualquier buen gusto musical y adaptarse al son propio del caribe (léase escuchar salsa a toda hora del entrenamiento) y 3) Obedecer y respetar el ?Código de la Intimidad? (léase ser parte de la argolla). Y los que tienen una personalidad de hierro como Roverano, Carlos Enrique y Nelson Olveira terminan cayendo en desgracia. Como la mayoría.

Nunca me voy a olvidar de aquella escena que protagonizó el argentino Carlos Barrionuevo contra medio equipo de Nacional de Uruguay, en el Centenario, por la Sudamericana 2002. Barrionuevo había metido un planchazo criminal contra Marco Vanzini. Era una patada que merecía expulsión y un juicio sumario posterior. Eso lo hicieron saber los propios compañeros de Vanzini, que fueron en tropel a atacar a Barrionuevo. El argentino ?uno de esos casos para el diván psiquiátrico- retrocede sin bajar la guardia, pero recibe insultos y raspones por doquier. Lo más increíble fue que ninguno de sus compañeros fue capaz de salir en defensa del compañero. En nombre de la cofradía, prefirieron no salir magullados y dejar desamparado a Barrionuevo. Así funcionan las ?argollas?. Bravos en las conspiraciones, pero no en el cuerpo a cuerpo.

Esta historia seguirá así, mientras sigan los Soto, los Sáenz, los Jayo?Y si ellos ya no están, el trabajo lo continuarán sus sucesores. Lo único que interesa es preservar la estabilidad de un grupo de bajo vuelo. Que su prestigio sobrevalorado no sea eclipsado. Por eso, la única solución es hacer una limpieza en el club. Y que se entienda bien esto. No estoy hablando de racismo o de ingresos de mecenas dictadores*. Sólo es un deseo de acabar con una clase generacional que ha hecho del alcohol, las juergas, las mujeres y la indisciplina un estilo de vida institucional. Es decir, cambiar la mentalidad del dirigente ?lo más difícil- y la del juvenil ?algo más fácil-, a través de una tolerancia cero realmente efectiva y no de la pantomima que se quiso ensayar desde la Videna. Y miren que los Viza, los Sánchez y demás tendrán que llevar ese estigma. En vez de que el grupo conforme una corporación en beneficio del equipo, lo hacen en pro de la informalidad. Si no, miren a Jefferson Farfán y a Aldo Olcese, aplanados anímicamente por problemas domésticos, pero de solución inmediata. Y sin embargo, prefieren deprimirse y no dar la cara. Esos son síntomas de la personalidad de la ?argolla? aliancista, de la sociedad y del julgo peruano: la dependencia del caudillismo.

*Vendría bien convocar a Charles Taylor o a un Idi Amín en el sillón aliancista. De imaginarme los dolores de cabeza que le agarrarían a este par de hijos de puta por lamentarse los goles fallados de Waldir y del posterior castigo que recibiría éste?no tiene precio.

Pd: Me informan que a Oswaldo Mackenzie le está yendo muy bien en el Estudiantes de Mérida ?club que curiosamente albergó a Walter Ávalos-, así que esto refuerza una teoría expuesta en un anterior post con el caso Glaría: Extranjero que fracasa en Alianza, puede hacerla linda en otro lado. Tomen nota Insúa, Astudillo, Mellizo, Loco Tagliani. Alianza ya no es un refugio de exiliados. Ahora resulta que es el purgatorio. Más bien, es un purgante.

Por Dino Poggi Querol


mueraeljulgo blogged at 1:06 p. m.


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